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El salario mínimo asediado: Cuando la historia se repite, primero como tragedia, luego como fallo judicial

 El salario mínimo asediado: Cuando la historia se repite, primero como tragedia, luego como fallo judicial Fecha: Viernes, 13 de febrero de 2026 I. La lección de la historia: Del terrateniente al accionista En la antigua China, el sustento del campesino no dependía de un decreto, sino del arbitrio del señor feudal. No había salario mínimo porque no había derechos, solo súbditos. Cuando la cosecha era buena, el terrateniente aumentaba la renta; cuando el Estado necesitaba dinero, doblaba los impuestos. El resultado era el mismo: la parte del trabajador se reducía hasta dejarlo en la mera supervivencia. Aquellos intentos de "tumbar" el ingreso del pueblo no se llamaban reformas laborales, se llamaban abusos. Y, como hoy, solo encontraban freno cuando el cansancio del pueblo desembocaba en rebelión. Hoy, la historia no se repite como una simple escena de abuso directo, sino como una farsa burocrática con toga y mafia. Lo que en la antigüedad se lograba con la lanza ...

El Ojo que no Ve: De Horus a la Geopolítica Moderna

El Ojo que no Ve: De Horus a la Geopolítica Moderna

En el panteón mitológico del antiguo Egipto, el Ojo de Horus simbolizaba la visión total: la salud, la integridad, la protección y la soberanía. Era un amuleto contra la ceguera, no solo física, sino espiritual y política. La leyenda cuenta que, tras ser arrancado en una batalla, su pérdida sumió al orden cósmico en el caos. Solo su restitución devolvió el equilibrio. Hoy, en el continente que lleva el nombre de un navegante, América, observamos una alarmante pérdida de visión colectiva, una mirada fracturada cuyas consecuencias podrían ser tan desestabilizadoras como aquellas narradas en los papiros.


El foco de la visión hemisférica, hipnotizado por el resplandor de un solo acontecimiento, parece fijado casi exclusivamente en la narrativa de una posible intervención de Estados Unidos en Venezuela. Es un espectáculo de alto voltaje: sanciones, retórica de cambio de régimen y el incesante murmullo sobre las vastas reservas petroleras. Como el ojo de Horus arrancado, nuestra percepción se ha reducido a un único punto de conflicto, un juego de suma cero donde solo vemos sombras de dominación y resistencia. Esta mirada corta, reactiva y obsesiva, nos ha vuelto ciegos al panorama más amplio y a las corrientes que realmente remodelan el mundo.

Mientras nuestra visión se nubla en el cortoplacismo del petróleo y la injerencia, otra civilización, China, proyecta su mirada con la paciencia de quien lee milenios. Su enfoque no es el ojo arrancado, sino el ojo restaurado: una visión integral de desarrollo, infraestructura, comercio interconectado y soberanía mutua bajo el paraguas de iniciativas como la Franja y la Ruta. China, la actual superpotencia en ascenso, no pretende (por ahora) arrancar ojos; ofrece, en teoría, construir puentes y vías férreas para ampliar el campo visual de las naciones. Su filosofía subyacente, aunque con sus propias contradicciones y deseos de influencia, se presenta como una de interdependencia económica a largo plazo, en contraste con la paradigma de la dependencia y el conflicto inmediato.
Aquí yace la disyuntiva filosófica y práctica para países como Colombia y gran parte de América Latina: ¿seguiremos mirando fijamente el ojo ciego del conflicto heredado, o tendremos el valor de girar nuestra mirada hacia el horizonte que se está diseñando? Unir nuestra visión a la china no significa, necesariamente, una sumisión ideológica. Significa, en términos estratégicos, reconocer que el mundo es policéntrico y que la soberanía del siglo XXI puede residir en la capacidad de diversificar las miradas, los socios y los proyectos de futuro.

La verdadera restitución del ojo, la que devuelve el equilibrio como al dios Horus, no es elegir un amo sobre otro. Es recuperar la visión propia, integral. Implica ver más allá del petróleo venezolano para contemplar nuestras propias potencialidades en energías verdes, tecnología y biodiversidad. Implica usar el puente comercial con China para fortalecer nuestra industria, no solo para exportar materias primas. Implica tener la sagacidad de negociar con todos, sin entregar el alma a ninguno.

La pérdida del Ojo de Horus trajo el desorden porque fracturó la totalidad. América Latina hoy padece una visión fracturada, cautiva de un solo drama. La cura no está en cerrar el ojo que mira al Norte para abrir solo el que mira al Este. La cura está en sanar nuestra propia mirada, en forjar un ojo que sea capaz de percibir múltiples realidades, calcular soberanamente sus riesgos y oportunidades, y enfocarse, por fin, en un proyecto continental propio. Solo una visión así, total y despierta, podrá protegernos del caos y guiarnos hacia un auténtico equilibrio en el nuevo orden mundial. El primer paso para recuperar nuestro Ojo es darnos cuenta de que lo hemos perdido.

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