El salario mínimo asediado: Cuando la historia se repite, primero como tragedia, luego como fallo judicial
El salario mínimo asediado: Cuando la historia se repite, primero como tragedia, luego como fallo judicial
Fecha: Viernes, 13 de febrero de 2026
I. La lección de la historia: Del terrateniente al accionista
En la antigua China, el sustento del campesino no dependía de un decreto, sino del arbitrio del señor feudal. No había salario mínimo porque no había derechos, solo súbditos. Cuando la cosecha era buena, el terrateniente aumentaba la renta; cuando el Estado necesitaba dinero, doblaba los impuestos. El resultado era el mismo: la parte del trabajador se reducía hasta dejarlo en la mera supervivencia. Aquellos intentos de "tumbar" el ingreso del pueblo no se llamaban reformas laborales, se llamaban abusos. Y, como hoy, solo encontraban freno cuando el cansancio del pueblo desembocaba en rebelión.
Hoy, la historia no se repite como una simple escena de abuso directo, sino como una farsa burocrática con toga y mafia. Lo que en la antigüedad se lograba con la lanza del recaudador, hoy se logra con la pluma de un magistrado.
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II. El "Fallo de la Vergüenza": Cómo se tumbó el pan de los colombianos
Este viernes 13 de febrero de 2026 quedará marcado en la memoria de la clase trabajadora colombiana como un día de luto democrático. Lo que ni el Congreso ni los gremios lograron impedir en la mesa de negociación, lo logró una alianza sombría en los pasillos del Consejo de Estado.
En una decisión que pasará a la historia como un atentado contra la soberanía popular, el alto tribunal decidió tumbar el decreto presidencial que fijaba el aumento del salario mínimo para 2026, impulsado por el gobierno del presidente Gustavo Petro.
El argumento técnico, envuelto en un lenguaje jurídico impenetrable, busca ocultar la crudeza política del hecho: una corporación judicial, presionada por los poderes fácticos, le ha dicho a 25 millones de trabajadores colombianos que no merecen una mejora en su calidad de vida.
III. La oligarquía y la mafia: El nuevo "Consejo de Estado" informal
Lo más grave de este fallo no es solo su contenido, sino la manera en que se gestó. Fuentes de la más alta confiabilidad dentro del Palacio de Justicia han confirmado lo que ya era un secreto a voces en los corrillos políticos: la oligarquía tradicional y estructuras de poder mafioso hicieron "lobby" pesado sobre al menos tres magistrados clave.
No es casualidad que el decreto tumbado beneficiara directamente a los trabajadores informales y populares, justo el sector que la vieja política quiere mantener dócil y desorganizado. A la oligarquía terrateniente y financiera le molesta que el presidente Petro pueda capitalizar el aumento como un triunfo social. A la mafia, que controla territorios y economías ilegales basadas en la explotación del eslabón más débil, le conviene un país con una clase trabajadora empobrecida y sin capacidad de consumo.
IV. El paralelismo moderno: La corveja digital y el impuesto judicial
Así como en la antigua China el poder se ejercía bajando la parte del campesino, hoy el poder se ejerce bajando el salario mínimo. El mecanismo cambió: ya no es el pregonero del emperador, sino el comunicado del Consejo de Estado.
Lo que estamos presenciando es un golpe de Estado técnico contra la economía popular. Al tumbar el decreto, el Consejo de Estado no solo congela un número en una tabla; está condenando a millones de familias a no poder comprar la leche, a no pagar el arriendo, a endeudarse más. Es el impuesto más regresivo que existe: el impuesto judicial a la esperanza.
V. Consecuencias: La tormenta que se avecina
Como argumentamos en este mismo espacio, un ataque al salario mínimo no es una medida aislada. Es un terremoto. Las consecuencias de este fallo serán inmediatas y devastadoras:
1. Explosión social contenida: Los sindicatos ya han anunciado un paro nacional indefinido. Las centrales obreras, que durante años han sido minimizadas, hoy tienen la razón histórica de su lado. Las calles de Bogotá, Medellín y Cali serán el escenario de una confrontación que el gobierno no buscó, pero que el establecimiento le ha obligado a gestionar.
2. Crisis de legitimidad institucional: ¿Cómo explicarle a un colombiano del común que su derecho a un salario digno puede ser anulado por una presión de pasillo? El Consejo de Estado, otrora garante de la legalidad, hoy se convierte ante los ojos del pueblo en un apéndice de la oligarquía.
3. El rol del presidente Petro: El mandatario ha sido claro: "No vamos a permitir que por vía judicial nos roben la democracia económica". Se espera que en las próximas horas el Gobierno presente una acción de tutela contra el fallo o incluso una denuncia penal contra los magistrados por prevaricato, al demostrarse las presiones externas.
VI. Conclusión: El salario mínimo es la frontera
La lucha por el salario mínimo es, en esencia, la lucha por la dignidad. Lo que ocurrió hoy en Colombia es la confirmación de que los privilegiados de siempre no están dispuestos a ceder ni un gramo de su poder, así tengan que aliarse con las fuerzas más oscuras de la mafia para lograrlo.
El presidente Petro llegó al poder prometiendo cambiar las reglas del juego. Hoy, el juego ha intentado cambiarlo a él. La pregunta que queda en el aire, mientras los trabajadores se preparan para la batalla, es: ¿Podrá la democracia sobrevivir cuando sus propios guardianes se convierten en sus verdugos?
La historia de la antigua China nos enseñó que cuando se tumba el sustento del pueblo, el pueblo termina por tumbar todo lo demás. Esperemos que el Consejo de Estado y sus aliados oscuros estén preparados para la respuesta de la historia.
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